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Por diálogos clínicos - 15 de Octubre, 2008, 21:36, Categoría: General

  1. Espacio de transmisión e investigación del Psicoanálisis en Venado Tuerto.

Inicio de actividades en marzo del 2007

Orientado hacia investigaciones sobre la incidencia de la época actual en la subjetividad, los nuevos síntomas y las nuevas formas de goce.

Responsables: Verónica Fernández, Mario Zimotti, Mariel Giovanardi, Beatriz Nannini.

Mariel Giovanardi.

La histérica se interroga sobre el deseo y se pregunta ¿qué es ser una mujer? Pregunta que no puede contestarse, pero cuya respuesta ella cree que sí tienen otras mujeres… o por lo menos cuya respuesta está entre otra mujer y un hombre.

Dora se interroga sobre el deseo y sospecha, como toda histérica,  que otra mujer tiene la respuesta a dicha interrogación, que otra mujer sabe qué cosa es el deseo, quedando así atrapada en el centro de los entrecruzamientos sexuales – su padre, su madre, la señora y el seños K.- Queda colocada en medio de una complicada circulación de acuerdos y silencios cumpliendo su papel hasta que el señor K. confunde la letra del papel que se le tenía asignado y comienza a caer el velo.

Cuando el señor K. le dice a Dora "Mi mujer no es nada para mí",  entonces… ¡paf!, la bofetada. Es la catástrofe, la caída de la ilusión por la cual Dora soñaba con acceder a la femineidad. Cito a Lacan en el Seminario IV: "¿Cuándo le da una bofetada? No cuando la corteja o cuando le dice que la ama. No, incluso cuando la aborda de una forma intolerable para una histérica.

Es en el momento en que le dice –Ich hebe nichts an meiner Frau". Y es este nada que profiere el señor K. lo que lo deja fuera del circuito. "Dora puede admitir que su padre ame en ella, y a través de ella, algo que está más allá, la señora K., pero para que el señor K. resulte tolerable en su posición, ha de ocupar la función exactamente inversa y equilibradora. A saber, que Dora sea amada por el señor K. más allá de su mujer, pero en la medida en que su mujer es algo para él".

"La situación se desequilibra, Dora se ve relegada al papel del puro y simple objeto, y entonces empieza a ponerse reivindicativa. Reivindica el amor de su padre, algo que hasta ahora se mostraba dispuesta a considerar que recibía, aunque por mediación de otra".

En la histeria, la mujer nunca está sola sino en un triángulo amoroso. La histérica necesita de la otra mujer, de la que sabe del misterio.

A Dora no le interesa gozar con el señor K., le interesa sostener al hombre del deseo. Y es por la vía de hacer consistir a la otra mujer que rechaza entrar en el circuito de los intercambios.

La histérica está convencida de su propia mascarada. Si toda mujer deberá disfrazarse, es decir portar atributos fálicos, jugar a parecer para ir a buscar en el hombre el pene y con él al  hijo, aceptando que ella no lo es ni lo tiene. La histérica creída por momentos que ella lo es, no buscará en el hombre el pene; por esto colocará al hombre en posición de preguntarse qué cosa es lo que ella desea.

En la época de antaño la sociedad imponía a las mujeres severas restricciones en el terreno sexual y social, favoreciendo el desarrollo de actividades y funciones maternales. En la época actual, las mujeres han adquirido un lugar de fuerza en lo laboral y como consecuencia de ello un nuevo Ideal a alcanzar y un nuevo conflicto. La mujer histérica actual hace de la privación una fuerza terrible, desesperándose por ver realizado su tener fálico.

En un interesante artículo llamado "Nuevas virilidades de nuestro tiempo", Mónica Torres toma la referencia que hace Lacan sobre las nuevas virilidades. En el capítulo 24 titulado "De Juan el fetiche al Leonardo del espejo" del Seminario IV, Lacan hablando del porvenir de Juanito, dice: "esa gente encantadora que espera que la iniciativa venga del otro lado –esperan, para decirlo todo, que le quiten los pantalones."

Mónica Torres toma esta referencia y un artículo que Kojève escribe a propósito de la lectura de dos novelas de Françoise Sagan: Buenos días tristeza y Una cierta sonrisa. Siguiendo el artículo va a ir ubicando la decadencia de lo viril a través de tres padres del conocimiento, los padres del saber que representan la virilidad de una época: Napoleón, Hegel y Sade. Luego tres contemporáneos de Lacan: Malraux que escribe sobre cuestiones de honor, Heminway sobre mujeres y toros y Motherland quien escribe una versión de Don Juan. Kojève refiere en tono de burla a estos escritores como los "profesionales de la virilidad" y compara los personajes con los de las novelas de F.Sagan; estos últimos, caballeros sin botas y sin armaduras que están en pijamas, en batas o espantados de las "nuevas patronas".

"Se ve claramente que la virilidad de Hemingway, que es un hombre con las botas puestas, y que a demás a escrito muchísimo sobre mujeres y toros –que es también la temática de las pinturas de Picasso- no es la misma virilidad de estos hombres en pijamas que describe Françoise Sagan, que describe Kojève con ella y que sería la virilidad de Juanito de adulto y que podemos encontrar en la comedias de sobre de rematrimonio de Hollywood que justamente apuntan a los años 40."

En esta nueva virilidad, que no es la virilidad del obsesivo, el sujeto se encuentra en una relación edípica atípica, la solución en la relación del sujeto con el sexo se produce por la vía de la identificación con el ideal materno. No hay forclusión del Nombre del Padre pera la transmisión del Nombre del Padre no pasa por el padre real. Se trata de una clase de hombres que dejan la iniciativa a las mujeres.

En la época actual, a diferencia de la época freudiana que referenciaba a Otro consistente que decía "no", en la época de la decadencia de lo viril y de las nuevas patronas se presenta para la histeria nuevos modos de vivir la pulsión, el amor y el deseo: rechazo de la castración, decadencia del amor y mandato a un goce igualitario e ilimitado.

De palabras y cuerpos                  

    Verónica Fernández

Comentario del escrito de  Jacques Alain Miller que se encuentra en el seminario "La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica", donde él va a introducir el concepto de síntoma como acontecimiento del cuerpo tomando el cuerpo histérico y el texto de Freud, escrito en 1910:"La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis".

                  En una estación ferroviaria de Galicia, dos judíos se encuentran en el vagón. « ¿Adónde viajas?», pregunta uno. «A Cracovia», es la respuesta. « ¡Pero mira qué mentiroso eres! -se encoleriza el otro-. Cuando dices que viajas a Cracovia me quieres hacer creer que viajas a Lemberg. Pero yo sé bien que realmente viajas a Cracovia. ¿Por qué mientes entonces?».          

                                                                                  El Chiste y su relación con el inconsciente, S. Freud

Para introducir el tema digamos que J. A. Miller plantea una dicotomía entre la vida y la verdad. Por un lado la vida es definida como algo que anda en silencio, no habla, no toma la palabra pero sabe lo que quiere: desea transmitirse, durar, no terminar nunca. Si la vida pensara, dice, se diría que solo piensa en reproducirse. Por otro lado está la verdad de la cual se opinó y se habló desde siempre,  es solo a partir de Freud que empieza a hablar en la palabra y en los cuerpos. Es decir, la verdad habla, habla y habla. Para Lacan, la verdad solo puede decirse a medias, mediodecirse  y años después debió confesar que al hablar, no decía la verdad, sino que era solamente un semblante. También Freud constata que las histéricas mienten o que puedo decir la verdad si miento y mentir si digo la verdad.

La vida es sabia. El saber animal, ese que está comandado por sus instintos orientan su comportamiento y por relacionarse así en el animal vida y saber el animal está libre de afectos como la angustia, la nostalgia, etc.,

            En el reino de la vida, la anomalía está del lado de los seres hablantes, los habitados por el lenguaje. Los cuerpos humanos están enfermos de verdad. Y es la verdad la que trastorna la relación del cuerpo con el mundo y con el puro real.

            De la pareja entre la verdad y lo real podemos decir que Lo real se burla de la verdad. El correlato de lo real no es la verdad sino la certeza, una verdad que no cambia. La que se mueva y fluctúa todo el tiempo es la verdad: es una, es otra; cambia.

            El psicoanálisis, dice Miller, empezó interesándose por un cuerpo que desobedece el saber de la vida, el saber natural. "La idea del alma traduce que el cuerpo se presenta como Uno y que obedece. Por eso Lacan pensó en formular que el alma estaba del lado del útil, equivale a un significante amo.

La histeria exhibe un cuerpo enfermo de verdad. Exhibe, da a ver y cuerpo enfermo, que es uno de los nombres del sentimiento de culpa en la histeria.

¿Qué  rechaza el cuerpo? La imposición del significante amo, hace alarde de su propia división y se separa del saber inscripto en el alma. Freud llama a esto "complacencia somática" y Lacan "rechazo del cuerpo". Doble rechazo: 1- rechaza obedecer al saber natural, al alma, a servir  a la finalidad  de autoconservación. 2- el sujeto de este cuerpo rechaza el cuerpo del otro.  El cuerpo histérico tiende a enredarse, complicarse, con la reproducción de la vida y rechaza su propio cuerpo, lo que puede aparecer bajo el afecto del asco. Aquí palpamos de qué manera el cuerpo histérico hace objeción al saber natural, Miller lo dice también como objeción al significante Amo.

Para ilustrar este repudio del cuerpo  al significante amo Miller toma un hermoso artículo de Freud "La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis2

Se trata de un caso de ceguera histérica. Entonces Freud introduce el mecanismo de la represión como fundante de este síntoma. Primero en términos de representación, luego de pulsión.

Se trata de que las representaciones más fuertes, las del yo entran en guerra y molestan a las otras, les impiden volverse conscientes. Acá el Yo está aún definido como el grupo de representaciones capaces de rechazar a las otras.

Como aquí se trata del cuerpo Freud ahí pasa a la guerra de las pulsiones, es decir de la oposición de representaciones a la oposición de pulsiones y esto lo hace ubicando a las pulsiones como aquellas que empujan y mueven a las representaciones. La pulsión da vida y usa a las representaciones para su meta. En esta época está el binarismo Pulsiones del Yo y Pulsiones sexuales. ¿Las Pulsiones del Yo, qué son? Son las que sirven a la supervivencia del cuerpo individual, de autoconservación, esas que dependen del saber del cuerpo y el organismo está hecho para obedecer este saber, que normalmente domina el cuerpo.

Freud sitúa la segunda categoría de las pulsiones, que dependen de lo sexual escapando a lo que es allí una ordenación. Pero ¿Por qué las pulsiones sexuales no estarían al servicio de la vida? ¿Por qué entran en conflicto con las pulsiones del Yo? Primero podemos decir que Freud pone en discusión el singular de la pulsión y habla de pulsiones parciales en su multiplicidad. La pulsión sexual en tanto reproductiva fracasa en ordenar y subordinar a su finalidad  a las parciales, fijadas en distintas regiones del cuerpo. Nos presenta un cuerpo que es un campo de batalla pulsional.

            Así el cuerpo histérico es disputado entre la autoconservación y el goce pulsional fragmentado. Y sus órganos, por ejemplo el ojo, son reivindicados por ambos lados. La ceguera es una perturbación que se introduce en el buen funcionamiento del cuerpo en la medida en que la visión sirve para la supervivencia. El órgano deja de participar en este fin de autoconservación se emancipa de la unidad del todo y nos impone la presencia de un cuerpo fragmentado.

¿Cómo se introduce la perturbación?  La represión toca  el funcionamiento del órgano. Se trata de un suceso de verdad que tiene una consecuencia somática: una sustracción. El Yo paga la represión con la pérdida de soberanía sobre el órgano. Ahora él se manda solo. Así, una función vital se ve despojada del alma, esta deja de vivificar a dicho órgano, deja de obedecer al saber del cuerpo para volverse soporte del goce autoerótico. Afirma Miller: el placer, por ejemplo el placer de ver se vuelve goce cuando desborda al cuerpo y su saber. Esta es la verdad, veo, no veo. Verdad y goce tienen algo en común: trabajan contra el cuerpo. Ya lo dijo Lacan: "La verdad, hermana del goce."

Esta es una cuestión de dominio, un asunto de significante amo, Freud dice que no es fácil servir a dos amos al mismo tiempo. También dice Freud que el placer sexual no está sólo ligado a los genitales. La boca sirve tanto para besar como para comer y hablar. Los ojos no solo perciben las modificaciones del mundo  exterior importantes para la conservación de la vida, sino también las propiedades de los objetos por los cuales estos son elevados al rango de objeto de elección amorosa.

            Tenemos entonces: el cuerpo del  placer, que obedece y el cuerpo libidinal de goce desregulado, aberrante  sobre el que opera la represión de la verdad y sus consecuencias.

            Culmina este capítulo Miller despejando estas coordenadas que dan vida a la definición del síntoma como acontecimiento del cuerpo. "Por tener y no ser un cuerpo, el hombre tiene síntomas con los cuales ya no puede identificarse ya que se presentan como disfunción. Para tener síntomas es preciso tener un cuerpo y para identificarse con el síntoma se necesita un psicoanalista."

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